Lento progreso para sumar a las mujeres al liderazgo político mundial

Lento progreso para sumar a las mujeres al liderazgo político mundial

Naciones Unidas, 10 mar (EFEUSA).- El mundo sigue avanzando de forma lenta para conseguir la igualdad de género en la política, aunque en Latinoamérica el progreso es aceptable, con tres países entre los diez primeros en cuanto a la proporción de mujeres en el Parlamento.

Naciones Unidas, 10 mar (EFEUSA).- El mundo sigue avanzando de forma lenta para conseguir la igualdad de género en la política, aunque en Latinoamérica el progreso es aceptable, con tres países entre los diez primeros en cuanto a la proporción de mujeres en el Parlamento.

Los datos fueron presentados hoy en una rueda de prensa convocada en la sede de Naciones Unidas por ONU Mujeres y la Unión Interparlamentaria (UIP), que elaboraron un mapa con la presencia de mujeres en los gobiernos y en los Parlamentos de todo el mundo.

Hay ocho países en los que no hay una sola mujer en el Gobierno: Arabia Saudí, Bosnia y Herzegovina, Brunei, Eslovaquia, Hungría, Pakistán, Tonga y Vanuatu. Tampoco hay mujeres en los Parlamentos de cinco naciones: Micronesia, Palau, Qatar, Tonga y Vanuatu.

Comparados los datos cerrados al 1 de enero de este año con los de 2014, el número de mujeres ministras creció de 670 a 715, pero siguen representando todavía el 17,7 % del total de los puestos ministeriales.

Sólo un 22 % de los legisladores son mujeres y entre los jefes de Estado o de Gobierno elegidos sólo hay 19 que son mujeres, y sólo un 15,8 % de los Parlamentos están presididos por representantes del sexo femenino.

En cuanto al número de ministras, Finlandia es el primer país, con el 62,5 %. Entre los Parlamentos, Ruanda, un país que hace pocos años salió de un traumático conflicto armado, es el que más mujeres tiene, un 63,8 % en la cámara baja y un 38,5 % en la alta.

En Latinoamérica hay tres países que tienen una alta representación de mujeres en el Parlamento, y que ocupan lugares altos en la clasificación mundial: Bolivia (segundo puesto mundial), Cuba (cuarto) y Ecuador (noveno).

No tanto así en cuanto a representación de mujeres en los gobiernos, ya que Nicaragua es el único que figura entre los diez primeros, en el puesto quinto, con ocho ministras.

Según la jefa del área de Liderazgo y Gobernanza de ONU Mujeres, Begoña Lasagabaster, en Latinoamérica el 26,1 % de los legisladores son mujeres, un nivel no tan alto como en los países nórdicos, pero también tiene un “número importante” de jefas de Estado.

Lasagabaster dijo a Efe que, aun así, esa participación de mujeres en la política no es tan alta en cuanto a las alcaldías, ya que son sólo entre el 8 o el 9 %. “Esa es un poco la disparidad de América Latina”, agregó.

Explicó que posiblemente se deba a que los diferentes países de la región han establecido medidas temporales para elecciones parlamentarias, pero no para las locales, aunque en algunas naciones, como en México, se han introducido cambios constitucionales en favor de la paridad.

El mapa político por géneros señala que en 48 países los parlamentos tienen un 30 % o más de representantes del sexo femenino.

Según Lasagabaster, no es tanto que ese 30 % sea un mínimo para hacer cambiar al 70 %, sino que “lo que hay que conseguir es la paridad”.

La ONU viene desarrollando una campaña, “50-50 para 2030”, que intenta llegar a la total igualdad de género en quince años. En 1995 se fijaron unas metas en todos los ámbitos sociales que la ONU reconocen se siguen cumpliendo con gran rezago.

El mapa político presentado hoy también analiza qué carteras tienen las mujeres que forman parte de los gobiernos. Hay muchas titulares de Asuntos Sociales (103), de Medio Ambiente (86) y de Asuntos de la Mujer o Igualdad (74). Pero hay pocas ministras de Defensa o de Finanzas, en ambos casos con 17 puestos.

El rezago en la presencia de mujeres en los más necesarios puestos políticos no está vinculado con la religión. Por ejemplo, entre los cinco países sin mujeres en el Parlamento, hay solo uno, Qatar, de confesión musulmana.

“En muchos casos, la religión se utiliza para los propios intereses partidistas. Las culturas y las tradiciones tardan mucho en cambiar”, sostiene Lasagabaster.

“Las religiones per se -agrega- no tienen que ser ni buenas ni malas, sino el uso que hacen de la religión aquellos que tienen el poder”.

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